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Uno puede soñar sabiendo que tiene un respaldo

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La Recompensa Agrícola-Ganadera es una empresa con más de 50 años en el mercado y hace 20 años está dirigida por una mujer: Liliana Broda. Lee cómo hace para llevar adelante éxitosamente su compañía en un rubro tradicionalmente masculino.

Hace ya varios años que Liliana Broda va y viene entre Cavanagh y Venado Tuerto. Conoce de memoria los 60 kilómetros que separan las localidades cordobesas. Es que a veces toca quedarse en el campo y otras, en la ciudad. La distancia, los viajes parecen no representarle problema alguno. “La perseverancia es fundamental”, dice y deja a la vista su espíritu emprendedor. 

Es la encargada de “La Recompensa Agrícola Ganadera SA”. Sí, una mujer en un ambiente marcado por la presencia masculina. ¿Dificultades? “Depende de cada persona, puede variar. Hay una manera de relacionarse entre la gente de campo, entre los hombres. Son cosas que yo no hago, por supuesto. Si me sobra tiempo, estoy haciendo torta fritas para los muchachos”, cuenta. 

La  Recompensa  Agrícola  Ganadera  es  una  pyme  que  realiza  una  actividad  mixta  (agropecuaria  y ganadera).  La firma comenzó con Don Broda, padre de la actual titular. “Era un hombre emprendedor, luchador, lamentablemente lo perdí antes de cumplir 7 años, pero lo que sembró en mi fue madurando. Mi madre hizo lo que pudo hasta que tomé las riendas de la empresa hace 20 años aproximadamente”, relata. Y hace algunos años incorporó a sus dos hijos. “Hay una especie de continuidad. Es lo que la tierra manda, que se incorporen las nuevas generaciones, que no den la espalda. La idea, si Dios quiere, es que continúe como una cuestión familiar”, agrega. 

El esfuerzo siempre estuvo vigente en la firma.  “Tenía dos opciones: alquilaba o me hacía cargo en lo que podía. Y como decía Carlitos Balá, “el movimiento se demuestra andando”, así que me animé por la segunda opción”, suelta Liliana tras una risa noble. Si bien eran clientes del Banco desde hacía 40 años, no utilizaban ningún tipo de financiamiento. Sin embargo, en 2011 la situación cambió: “Nos encontramos con una puerta abierta, contamos nuestro  proyecto  a  nuestro  oficial  de  cuentas  y descubrimos una persona con voluntad, que entendía nuestro pensamiento y hacia dónde íbamos”. La empresa cambió vehículos y adquirió un tractor, luego solicitaron préstamos. “Sinceramente cambió muchísimo y estamos encantados con la atención del Banco, en especial con el oficial”, se sincera. 

La Recompensa Agrícola Ganadera tiene una página en Facebook donde suben imágenes del trabajo en la empresa. Según cuenta Liliana, buscan dar a conocer su trabajo, el sacrificio realizado. En cuanto a conseguir nuevos clientes, recurren al viejo método del boca en boca. Actualmente  trabajan  para ampliar la ganadería asociándose con la Asociación Argentina de Angus. “Nuestro rodeo es muy bueno”, califica. Además, pretenden ingresar en otros mercados. “Ideas siempre hay muchas, vamos a intentar darle un impulso en este momento para salir primeros cuando se abran las tranqueras”, cuenta. 

Trabajan el cereal con una multinacional y la ganadería con las pocas ferias y remates que quedan por la zona. En el corazón de la pampa húmeda argentina, Liliana suelta: “Sabiendo que tiene un respaldo, uno sabe que puede soñar. Y eso ayuda entonces a concretar su sueño”. 

Primera persona 

BSR- ¿Siempre se soñó empresaria?

LB- No, jamás. Nunca. BSR-  ¿Como equilibra su vida familiar y laboral? LB- Soy casada, separada. Tengo mi mamá, de 89 años. Tengo un hijo de 33 y una hija de 26. No es fácil porque  uno debe dejar de lado muchas cosas que por ahí le gusta hacer pero no hay tiempo. Pero la verdad que vale la pena mantener el campo lindo como está y los proyectos.  

BSR- ¿Qué valores comparten con sus empleados?

LB- Todos añoramos la excelencia y el reconocimiento del trabajo agrícola granadero. E intentamos trabajar sobre ello.  

BSR- ¿Qué ventajas y desventajas encuentra trabajando en una empresa familiar?

LB- Es muy difícil. Todas las familias tienen problemas. Mientras los hijos crecen, no se incorporan como un empleado. Uno tiene que esperar que madure la persona y acompañarla y soltarla, que se vaya y que vuelva. Es como uno ve la naturaleza, cuando las aves enseñan a sus hijos a volar.

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