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Ciencia y arte de la conectividad

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A partir de un enfoque humanista, DAVID ROSE sostiene que los objetos conectados a Internet, además de mejorar la experiencia del usuario, contribuirán a la solución de los principales problemas que aquejan al mundo.

A su trayectoria de emprendedor serial y de manipulador de objetos de la vida cotidiana, a los que dotó de conectividad a Internet, David Rose sumó recientemente el interés por divulgar el impacto de esa tecnología en el cambio de nuestra visión del mundo. El resultado fue Enchanted Objects, un libro en el que explica cómo influirá Internet de las Cosas en la manera de fabricar, comprar, comunicarnos, trabajar y, en última instancia, vivir. Al comentarlo, Nicholas Negroponte, profesor y fundador del Media Lab del MIT, dijo lo siguiente: “Rose no predice. Extrapola el futuro de su experiencia personal y su dominio de la técnica. Su equilibrio entre humanismo y ciencia es único. Enchanted Objects es una obra visionaria y esclarecedora”. Rose dice que con el término “objetos encantados” pretende impulsar a los diseñadores de productos a que consideren, sobre todo, la experiencia de los usuarios. Y aunque para algunos son objetos meramente decorativos, asegura que tendrán un impacto positivo en la erradicación de la pobreza, el medio ambiente, la salud y la vivienda, algunos de los problemas más importantes que aquejan al mundo. A estos y otros temas se refirió durante una entrevista telefónica con WOBI.

El concepto Internet de las Cosas es una de las tendencias más innovadoras de la tecnología actual, y permite que cada vez más objetos se conecten a Internet. Pero usted habla de objetos encantados, precisamente el título de su libro. ¿Cuál es la diferencia?

Uso el término objetos encantados porque de esa manera puedo elevar la vara de los diseñadores en términos de la experiencia que brindarán a los usuarios. Lo que más me preocupa es la forma en que la conectividad va a cambiar nuestra visión del mundo: cómo compramos, cómo nos comunicamos, cómo van a cambiar nuestras casas y nuestros lugares de trabajo. Cuando me refiero a objetos encantados intento mostrar que hay un componente clave: la experiencia del usuario. El término también refleja mi interés en tomar un objeto existente, que no representa algo nuevo para el usuario, y añadirle una capa de funcionalidad. Me refiero a un cepillo de dientes, un zapato, un botón o una lapicera, por ejemplo; objetos que ya existen y que sabemos dónde comprar, pero que pueden transformarse agregándoles algo de conectividad, sensores, o un display de funciones.

Usted tiene dos licenciaturas: una en Bellas Artes y otra en Física. Resulta interesante que en su libro ponga el acento en la importancia de un enfoque humanista de la tecnología y el diseño. ¿Podría explicar por qué?

Hoy tenemos un gran problema con las pantallas negras de los celulares o de las tablets, en especial porque nos separan de conversaciones y de las personas que nosotros creemos que deberíamos priorizar. Nos distraen mucho, y creo que una de las formas de solucionar este problema es una mayor funcionalidad de los objetos con los que interactuamos directamente, en lugar de dispositivos que converjan y nos permitan interactuar con las aplicaciones. La computación debe ser más predictiva para poder satisfacer nuestras necesidades en vez de exigirnos tanta atención. Una de las ideas más importantes con respecto al impacto de Internet de las Cosas es que no solamente modificará cómo accedemos a la información y nos conectamos con otros, sino cómo construiremos, cómo disfrutaremos de una vida más larga y saludable, cómo nos moveremos en el mundo, cómo crearemos. Hay quienes piensan que lo que llamo “objetos encantados” son meramente decorativos, pero en realidad tendrán un impacto positivo en la erradicación de la pobreza, el agotamiento de los recursos naturales, la salud y la vivienda, algunos de los problemas más importantes que aquejan al mundo.

Al mismo tiempo, creo que el enfoque humanista del diseño reside en la capacidad de hacernos sentir más cómodos porque es generativo. Como adultos, muchos de nosotros olvidamos el sentido de hacer determinadas cosas, como tocar un instrumento, pintar, esculpir, dibujar, entre otras. Pero lo cierto es que este nuevo concepto incluye la posibilidad de permitirnos un andamiaje o soporte, como el de los ladrillos Lego, que nos ayudará a sentirnos más cómodos si elegimos un nuevo deporte o queremos aprender a tocar un instrumento. Yo trabajé en el desarrollo del juego de computación Guitar Hero, por ejemplo, y una de las ideas más importantes de ese proceso era cómo darle al usuario la sensación de musicalidad, de estar frente al público, de sentir el entusiasmo de tocar con otras personas y disfrutar de los maravillosos momentos de ensayo.

También se demostró que escuchar atentamente a otras personas, llevar el ritmo y lograr armonías le hace mucho bien al cerebro. La tecnología, en este caso, nos puede dar un andamiaje, un soporte para que tengamos más confianza, y eso es muy bueno.

Usted ha dicho que no le gustan los teléfonos inteligentes. ¿Por qué motivos? ¿Qué ventajas tienen los objetos encantados sobre los teléfonos inteligentes?

Pienso que, en casi todos los casos, los teléfonos inteligentes exigen concesiones muy poco afortunadas. Cuando escribe, por ejemplo, al usuario le convendría tener un teclado más grande o un sistema de reconocimiento de voz; si necesita un mapa, sería mejor una proyección de mayor amplitud; si tiene un servicio de streaming de música, sería mejor que pudiera funcionar lejos de los parlantes. Casi todas las aplicaciones están diseñadas para un mundo en el que la computación no se caracterizaba por la abundancia. Ahora, el poder computacional es enorme; los microcontroladores y la memoria son prácticamente gratuitos. Por lo tanto, a todos los objetos se les podría incorporar la conectividad a Internet, de modo tal que posean una interfaz que los adapte a cada tarea, en lugar de tener un dispositivo de convergencia que sirva para todo.

¿A qué velocidad cree que se adoptará esa conectividad? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que se generalice y se incorpore a cada cosa que tocamos y poseemos?

Cisco y McKinsey hablan de 50.000 millones de dispositivos conectados en 10 años, una cifra que eclipsa a la cantidad de teléfonos. En casi todas las categorías de productos hay equipos de innovación trabajando en la conectividad. ¿Cómo incluimos el bluetooth en una maleta, por ejemplo, para no salir del aeropuerto con el equipaje de otro o saber que el que está llegando en la cinta es el nuestro?

En la mayoría de las industrias se está estudiando qué significará la conectividad para la experiencia del usuario de sus productos, y también para su modelo de negocio. De hecho, están apareciendo nuevos modelos de negocios más basados en la suscripción, en el contenido o el cambio de comportamiento.

En términos de cambio de comportamiento, por ejemplo, inventé un packaging para píldoras llamado GlowCap, que ayuda a las personas a recordar el momento de tomarlas. Las compañías farmacéuticas aceptaron subsidiar el costo de colocar un chip inalámbrico en cada frasco porque contribuía a que vendieran más medicamentos. Sus ingresos aumentaron 30%, una cifra que minimiza los US$ 3 que cuesta colocar el conjunto de chips.

Usted suele hacer frecuentes asociaciones entre mitos y el folklore popular con las nuevas funcionalidades que ofrecen los dispositivos conectados. Harry Potter, sin ir más lejos, aparece varias veces en el libro. ¿Nos puede contar un poco más sobre lo que el diseño y la conectividad pueden aprender de los mitos y el folklore?

A veces resulta útil bucear en la ciencia ficción y en los mitos porque revelan deseos persistentes que siempre hemos tenido. Por eso les pido a mis alumnos que dejen de concentrarse en las capacidades tecnológicas para enfocarse en la experiencia del usuario, que a mi juicio es la clave para el diseño del producto. En un cuento de los hermanos Grimm, por ejemplo, hay un espejo mágico que dice quién es el más lindo de todos. He trabajado para una compañía llamada Memory Mirror que ayuda a las personas a descubrir qué atuendo les quedará mejor. Pueden tomarse una foto utilizando el espejo, comparar diferentes atuendos y subirlos a Facebook.

Muchas historias hacen referencia a una bola de cristal o al agua como fuentes de clarividencia. A partir de esa inspiración inventé una bola de vidrio, conectada a Internet, que cambia de color para indicar las tendencias de la Bolsa, pronosticar el estado del tiempo, la cantidad de polen o hacer otros tipos de predicción.

Otro ejemplo puede encontrarse en las historias mitológicas vinculadas al transporte sin esfuerzo, como las alfombras voladoras. La palabra Nike evoca a la diosa griega alada, y podría vincularse con las empresas que desarrollan automóviles autotripulados. Una compañía llamada Terrafugia está diseñando un auto que vuela. No sé si será un éxito comercial, pero ciertamente se relaciona con la misma idea.

¿Cuáles son las cualidades de los objetos encantados bien diseñados?

Una de ellas es la de ser anticipatorios: anticipan su propio uso. Cuando diseñé la Ambient Umbrella, puse datos sobre la posibilidad de lluvia en el mango de un paraguas. Una información relevante para el momento de tomar la decisión de llevarlo o no cuando alguien sale de su casa, por cuanto podrá ver si el mango titila o no. Creo que los objetos encantados también muestran respeto por sus propias intenciones: caminan por la fina línea que separa el subconsciente del consciente como el más educado de los mayordomos. Si a usted se le hace tarde para un llamado telefónico o para una reunión, seguramente querrá que su mayordomo le llame la atención con un leve carraspeo, pero no que suene o vibre porque le resultará francamente desagradable.

Si consideramos el ejemplo de GlowCap, que usted mencionó, lo concreto es que una pequeña empresa como la suya inspiró la innovación en grandes compañías farmacéuticas. ¿Podría fortalecerse la tendencia de que la innovación surja de abajo hacia arriba y esté impulsada por jugadores más pequeños?

Sí, porque esos dispositivos tendrán un impacto tan disruptivo que muchas de las grandes empresas no estarán preparadas para hacer prototipos rápidamente. Pero como la cultura de esas compañías tampoco está preparada para fracasar rápidamente, precisamente en esa condición reside el impulso necesario a la hora de fabricar ese tipo de productos.

¿Hay empresas que adoptan estas ideas con propósitos transformadores, o sólo están confinadas en los laboratorios del MIT?

Creo que el horizonte se está ampliando. Apple, obviamente, está interesada en relojes y automóviles. Samsung también ha ingresado al segmento de los wearables, y recientemente adquirió, por un par de cientos de millones de dólares, la empresa SmartThings. A su vez, Google compró Nest. Se podría decir que Nest sólo fabrica termostatos, pero en realidad es algo más grande porque se vincula a las empresas de energía y se convierte en el último eslabón de la red eléctrica inteligente. Otro ejemplo es el de Amazon, que ya está fabricando Amazon Dash: una varita mágica con un micrófono y un escáner de códigos de barra. Permite hablar por el micrófono o escanear el código de barra de los productos para añadirlos automáticamente a la lista de compras AmazonFresh.

¿Qué deben hacer las pequeñas compañías que no tienen a Internet de las Cosas entre sus prioridades para no quedar rezagadas?

Es una buena pregunta. Pienso que depende del lugar que ocupen en la cadena de valor. Yo les aconsejaría que visiten sitios como Indiegogo o Kickstarter para ver lo que se está lanzando. El primer paso es tener una opinión, comenzar a usar un reloj inteligente, una raqueta de tenis Babolat o un palo de golf conectado a Internet. Lo fundamental es ser un usuario voraz, un crítico, y luego hacer el prototipo de una versión mejor.

También hay que buscar asociaciones. El éxito no sólo depende de la tecnología, sino además del poder de marca y de distribución, que por lo general no tiene una compañía pequeña. Un par de ejemplos son el de Misfit, que para fabricar productos wearables conectados a Internet se asoció con la joyería Swarovski, y el de Fibit, que fabrica dispositivos conectados a Internet para monitorear la actividad física en colaboración con los diseñadores de Tory Burch.

Para muchos, un punto preocupante relacionado con la expansión de los dispositivos conectados es la cantidad de datos que las empresas, y posiblemente los gobiernos, acumularán sobre nosotros. ¿Es un tema que requiere control o deberíamos acostumbrarnos a no tener el mismo grado de privacidad que en el pasado?

No estoy muy preocupado por el uso que los gobiernos podrían darles a esos datos. Lo concreto es que ya disponen de mucha información. No creo que a un gobierno le aporte demasiado saber con qué frecuencia tomo mis medicamentos, cuántos pasos doy en mi caminata diaria o cuál es la temperatura de mi casa. En términos de datos, para mí, la gran cuestión tiene que ver con la memoria. Porque en la nube habrá una base de datos gigante de nuestros comportamientos que permanecerá ahí por centenares de años. Estoy convencido de que las empresas necesitarán políticas sobre cómo y cuándo purgar datos. Y me gustaría ver que los eliminen más rápido y con más frecuencia. Pero como el costo de almacenamiento es tan barato, probablemente no lo hagan.

TAGS: Tendencias, Internet de las cosas, Conectividad, Revolución tecnológica.

POR: David Rose // © WOBI (Entrevista de Chris Stanley).

Emprendedor serial e instructor en el Media Lab del MIT, David Rose es autor del reciente Enchanted Objects: Design, Human Desire, and the Internet of Things, un libro que lo destaca como una voz líder en el impacto que Internet de las Cosas tendrá en nuestra forma de vivir y trabajar.  Rose es el CEO de Ditto Labs, y fue el fundador y CEO de Vitality, una compañía que reinventó el packaging de los medicamentos, y que ahora es distribuido por CVS y Walgreens. Además fundó Ambient Devices, una firma que embebe información de Internet en lámparas, espejos, paraguas y otros objetos. Tiene patentes para compartir fotos, TV interactiva, displays con información ambiental y dispositivos médicos. Su trabajo ha sido exhibido en el MoMA, y publicado en Wired, The Economist y The Colbert Report.

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