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El romance puede ayudar a su empresa a crecer

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“En la era inteligente, el algoritmo era un secreto. En la era romántica, el secreto es la propuesta de valor”. Tim Leberecht nos plantea las razones por las cuales considera que el romance es bueno para las empresas.

El romance puede ayudar a su empresa a crecer

Soy un defensor del romance en el lugar de trabajo. Pero no es lo que usted cree. Me refiero a ese estado en el que nos sentimos apasionadamente vivos. El romance hace que todo nos parezca nuevo, emocionante y repleto de posibilidades. Sin embargo, cuando de negocios se trata, es en lo último que pensamos. De hecho, en el mundo corporativo se busca eliminar todo lo que se relacione con él: la sorpresa, la vulnerabilidad y la pérdida de control. De los líderes se espera que mantengan el rumbo, minimicen el riesgo y sean equilibrados. Pero todo eso impone severas limitaciones a la innovación y, en última instancia, daña el negocio.

A continuación, las razones por las que el romance es bueno para su empresa:

Más felicidad y motivación

La mayoría de los empleados se sienten desencantados con su trabajo. Según una encuesta de Gallup de 2013, solo el 13% de los entrevistados dijo sentirse “plenamente involucrado y comprometido”. La confianza en los líderes corporativos está en su nivel más bajo desde la crisis financiera de 2008.

Esta desconexión se ve agravada por tecnologías que algunos consideran “taylorismo digital”. A partir de la telemática focalizada en la productividad, el monitoreo del estado de ánimo para analizar sentimientos, las aplicaciones sociométricas que ayudan a observar y administrar la dinámica social, o los sistemas de supervisión del desempeño entre pares como Better Works, los expertos promocionan al “CEO algorítmico” y al área de “RR.HH. algorítmica” como el futuro de los negocios.

Pero hay un problema: cuando delegamos nuestras emociones en las máquinas y hacemos que nuestras experiencias sean más previsibles no logramos esos momentos reveladores que interrumpen nuestra rutina diaria. Cuando automatizamos, estandarizamos e intentamos eliminar lo desconocido, el romance desaparece de nuestras vidas. El lugar de trabajo exclusivamente basado en datos será muy triste.

Sin embargo, no tiene por qué ser así. Es posible empezar a usar artilugios románticos que desafíen nuestro modus operandi. Pruebe asistiendo a un evento como Daybreaker, en el que se baila con otros profesionales antes de ir a trabajar; hable con desconocidos cuando se dirige a su oficina; cambie de escritorio (y hasta de rol) con sus colegas para hacer otra tarea. Amazon, Samsung, Salesforce y Zappos han empezado a instaurar los llamados “descubrimientos fortuitos” con el propósito de alentar la innovación y el placer. Esas actividades inyectan misterio y aventura al día laboral. Generan momentos de apego e intimidad, y los psicólogos aseguran que son críticos para las relaciones saludables.

Clientes más devotos

Algunas empresas comenzaron a crear experiencias para sus clientes intencionalmente efímeras, ambiguas y misteriosas. Desafían los principios de la eficiencia y la conveniencia para fascinarlos de una manera movilizante.

Airbnb, por ejemplo, recompensa a los clientes por sus “actos aleatorios de hospitalidad” (“Trate de que un desconocido sonría”; “Salude a una persona que pasa a su lado”). Por su parte, Secret Cinema muestra “proyecciones misteriosas” e interactivas de filmes que hicieron historia: desde Casablanca y Blade Runner hasta El Gran Hotel Budapest. Los títulos y las locaciones se revelan a los espectadores con poca antelación. Fabien Riggall, fundador y CEO de la empresa, dice que aspira a reincorporar el romance a la experiencia de ver cine y provocar fuertes reacciones emocionales. De manera similar, aplicaciones como Snapchat y publicaciones como Pop-Up Magazine aprovechan la atracción por las experiencias transitorias.

Todos estos servicios adoptaron la práctica del “unboxing” —originalmente utilizada en tecnología para mostrar cómo se desembala un producto— y la transformaron en una propuesta real. Después de todo, los románticos saben que desenvolver un regalo es tan valioso como el regalo en sí. Cuando la transparencia es la norma, el misterio despierta nuestro interés. En la era inteligente, el algoritmo era un secreto. En la era romántica, el secreto es la propuesta de valor.

La consultora Landor sostiene que el nuevo paradigma del branding es “TMI” (sigla en inglés de demasiada información), pero yo creo en lo opuesto: lo que valoramos es el atractivo de información insuficiente. Porque en el momento en que sabemos demasiado, el romance llega a su fin.

Un negocio humanizado

El romance revela un mundo en el que es posible ser una persona diferente todos los días y seguir siendo confiable. Brinda el espacio para disfrutar de la estupidez y del absurdo, y también de la lógica basada en datos.

Esta nueva manera romántica de hacer negocios puede emerger de las bases, pero resulta de gran utilidad que el CEO la comparta. Para encontrar ese líder basta con mirar a Microsoft: desde que tomó las riendas de la compañía, Satya Nadella ha demostrado un estilo de liderazgo basado en la humildad y la vulnerabilidad. Wired dice de él que es “cálido, confuso y un poco loco”. Para un romántico, todo un elogio.

Los negocios son el principal sistema operativo de la sociedad, y ésa es la razón por la que los empresarios están preparados para ser los grandes románticos de nuestro tiempo. Saben que la falta de innovación indica falta de imaginación. Saben que los clientes leales quieren algo más que soluciones a los problemas. Son conscientes de que los empleados sin inspiración esperan algo más que propósito y recompensas. Y, sobre todo, saben que imprimirle romance a la empresa significa humanizarla.

El romance instala un espacio para la duda y la fricción en medio de la homogeneidad total, y nos desarma con momentos de asombro inesperado. Hacen falta rebeldes que interrumpan nuestra rutina y no solo nos ofrezcan propósito y personalización, sino también una alta dosis de amor avasallante. Queremos experiencias que sean únicas y valiosas. En otras palabras, queremos romance, el principal diferenciador en un mundo de maximizadores y optimizadores.

POR: Tim Leberecht // © WOBI

Tim Leberecht es el autor de The Business Romantic (HarperCollins, 2015) y director de marketing de NBBJ, una empresa de diseño y arquitectura que ayuda a organizaciones como Amazon, Boeing, Google, Samsung y Starbucks a crear experiencias con significado.

Previamente trabajó en Frog Design. Ha publicado artículos en Harvard Business Review, Fast Company, Forbes, Fortune y Wired, y fue disertante en TED, The Economist Big Rethink, la Cumbre de Presidentes Ejecutivos de Silicon Valley y el Foro Económico Mundial.

TAGS: Liderazgo, Tendencias, Tips, Crecimiento.

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