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Oportunidades en tiempos de cambio

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Los dueños de PyMEs se enfrentan a cambios en las reglas de juego que les dificultan continuar con el negocio exactamente en la forma en que lo venían haciendo. Sin embargo, esos cambios representan oportunidades tanto para la evolución de sus empresas como para su desarrollo como empresarios.

El contexto es una circunstancia

Decidir emprender implica estar dispuesto a la aventura. A enfrentar lo incierto y querer llevar adelante ese proyecto adaptándose a las condiciones que se vayan presentando. Quien fundó una empresa y la mantiene a lo largo de los años sabe la importancia de levantarse después de cada golpe, de seguir sosteniendo su visión y buscar lo mejor para continuar con la empresa. La perseverancia, la tenacidad y la resiliencia son cualidades que caracterizan ese gen emprendedor que atraviesa al pequeño empresario que invirtió todos sus ahorros para armar su fábrica de pastas o aquel joven que intentó varias veces llevar adelante un proyecto independiente y hoy ha logrado tener un negocio en marcha.

Todos ellos saben que el contexto, en función de las características de cada empresa y negocio, puede representar a veces “viento de cola” y otras “turbulencias”. La realidad es que es un dato a considerar pero no un factor determinante del destino. Ni de nuestras empresas, ni de nosotros mismos.

Hoy en día, en un escenario de cambios tecnológicos, de recursos y de modelos económicos, tanto en el país como en el mundo, la incertidumbre se traduce algunas veces en inacción, generando un clima de espera. Pero la realidad es que el tiempo no se detiene. Tenemos que seguir adelante y usar esas cualidades que nos llevaron a fundar una empresa para no bajar los brazos.

Tomando las riendas

Un cambio en los niveles de venta, ya sea general o de algún producto o mercado con el que operamos, puede ser una excelente oportunidad de tomar envión para el emprendedor y para la PyME. ¿Qué significa esto? Principalmente alude a que en los momentos de pico de actividad y repetición de tareas, la vorágine del día a día nos lleva muchas veces a no revisar las bases sobre las cuales estamos haciendo crecer, o sostenemos nuestros negocios. Y en parte es correcto. En los momentos en que la empresa atraviesa fuertes períodos de crecimiento económico o expansión, cuando crece de 1 a 10 en un corto plazo, es probable que quienes la dirigen tengan el 100% de su energía mental y emocional puesta en responder a esa fuerte demanda que tironea la respuesta a los clientes y los acuerdos con los proveedores, además de evaluar el desempeño de cada miembro de la empresa.

Recién cuando se producen periodos de cierta estabilidad en el funcionamiento de la empresa o cuando la necesidad de sostener la nueva infraestructura obliga a repensar la estrategia, pueden aparecer excelentes oportunidades de inversión. Suena contradictorio que el momento de invertir sea cuando menos se mueve la rueda, pero muchas veces la inversión no implica sólo dinero. Además, si supimos preservar lo obtenido en las épocas de vacas gordas, es una ocasión excelente de no sólo usar ese resto en cubrir baches o necesidades coyunturales sino también en dedicar una parte, aunque pequeña, a mejorar nuestra manera de funcionar.

¿Por qué?

  • Porque nos permitirá ganar músculo para sostenernos en el tiempo.
  • Porque además nos ayudará a detectar y resolver conflictos que la vorágine del crecimiento tapaba.
  • Porque en los contextos más desafiantes es donde tenemos mayor oportunidad de poner en juego nuestra creatividad, no sólo para salir airosos de la coyuntura, sino también para salir fortalecidos.

¿Cómo hacerlo?

Walt Disney decía “Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en que quieres estar mañana”. Y esa es una pregunta que sólo pueden contestar los dueños, porque es indelegable. Además es una buena oportunidad para separar las “cosas de dueños” de aquellas que “hacen los dueños pero que podrían hacer otros” incluso, muchas veces mejor resueltas, porque tienen el foco en esa tarea y la expertise específica para realizarlo.

Toda empresa en su etapa inicial requiere que “todos hagan todo”; y seguramente el entusiasmo de esa etapa fundacional garantizará la supervivencia y la consolidación del negocio. Pero una vez superado ese inicio es momento de empezar a dividir las aguas. Quizás aún no es tiempo de delegar ciertas cuestiones, pero lo fundamental es comprender que son potencialmente delegables y que será bueno hacerlo en cuanto podamos.

Entonces, para transitar esa revisión interna en donde separamos la hojarasca y consolidamos el negocio, primero, el emprendedor o los dueños de la PyME, tendrían que revisar cuál es la visión de la empresa a largo plazo y cómo desean ver la empresa en 5 años. ¿Con más clientes? ¿Con mayor presencia regional? ¿Internacionalizada? ¿Cómo referente de su industria o sector?

A partir de allí es fundamental revisar el modelo de negocios. En este análisis es importante la mirada de los colaboradores, de los proveedores y de los clientes. Ellos definirán si la propuesta de valor que pensamos es percibida por los demás. También permite detectar puntos de mejora y definir un plan de acción, el cual seguramente implique revisar si las personas con las que contamos hoy son suficientes y si tienen las competencias para llevarnos a ese lugar en el que queremos estar mañana.

Seguramente será necesario analizar nuestra manera habitual de “hacer las cosas”: ¿Es la más eficiente? ¿Permite alcanzar de manera sencilla y eficaz lo que se busca lograr? ¿Facilita el trabajo de nuestra gente? ¿Permite obtener información útil y certera sobre la marcha del negocio y detectar oportunidades de mejora permanente?

También implicará observar en detalle los números, comunicando a todos claramente la marcha del negocio y la responsabilidad en el uso de los recursos como así también en la generación de valor compartido.

Es momento de innovación e ideas nuevas

En el caso de empresas que están en proceso de sumar a nuevas generaciones al negocio, esta puede ser una excelente oportunidad para que participen en la recreación de esa visión inicial, imprimiéndole su impronta.

Por último, es fundamental dejar de mirarse el ombligo. El heroísmo inicial que caracteriza a quien se atreve a fundar una empresa, a embarcar a otros (incluso a su familia) en ese sueño que lleva a que la empresa tenga toda su energía puesta en sí misma y en su futuro, debe ceder a la posibilidad de crear lazos con otros.

Es fundamental salir a la calle, ver qué les pasa a otras empresas, ayudar y dejarse ayudar. Buscar espacios donde aprender, donde compartir, donde generar oportunidades de trabajo conjunto, ayuda a crecer.

Es decisión de uno, depende de uno, y no de las circunstancias que nos toquen transitar. Porque como señalaba Walt, un emprendedor que con su sueño atravesó el mundo de fantasía de los niños de varias generaciones, “si puedes soñarlo, puedes hacerlo; recuerda que todo esto comenzó con un ratón”.

TAGS: Estrategia de negocios, Emprendedurismo, Empresas familiares, Oportunidades de crecimiento, PyMEs Argentinas.

POR: Laura Gaidulewicz.

Licenciada en Educación, UBA. Diploma de Honor. Posgrado en Recursos Humanos y Gestión por Competencias, UB. Estudios de doctorado, UBA, y de posgrado en Argentina y en Francia. Directora de Binden Group, desarrollo organizacional sustentable. Directora Académica de la Especialización en Gobierno y Gestión de la Empresa Familiar, UES21.

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