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Mon & Velarde es una de las pocas tiendas boutiques colombianas que ofrece diseño de vanguardia para el mercado masculino. La propuesta, ya se extendió a toda Colombia y pretende conquistar México, España y los Estados Unidos.

La diseñadora Marta Gaviria, creadora de la marca masculina Mon & Velarde, recibe a WOBI en su local del centro de Medellín, en la esquina de un pasaje. Y de inmediato se advierte allí una colección exquisita de camisas, pantalones, mochilas, zapatos y accesorios de todo tipo, junto a afiches de filmes clásicos y una pizarra con un ranking de recomendaciones mensuales que incluye desde películas hasta música.

En ese universo exclusivo y sofisticado, Gaviria se mueve con naturalidad. Años atrás descubrió una necesidad en el mercado colombiano. “La moda masculina estaba olvidada, desatendida”, explica. Y se lanzó a crear una propuesta para hombres audaces.

“La intención de mi marca es redefinir el concepto de elegancia, más allá de la vida efímera de las tendencias, con prendas que igualmente funcionan en momentos tan dispares como el trabajo o la diversión”, añade.

Y cuenta que Mon & Velarde nació de la combinación entre un modo de vida cosmopolita —a partir de viajes de trabajo, estudio y placer fuera del país— y la tradición colombiana de calidad en las confecciones y manufacturas. Precisamente, decidió comenzar en Medellín a fin de “capitalizar el amplio know-how de diversos talleres locales para crear un producto nuevo e inesperado”.

Actualmente, la firma cuenta con un equipo de trabajo de 12 personas internas y 30 externas. Tiene una tienda en Medellín, una tienda online y distribuidores a nivel nacional. Más allá de un crecimiento sostenido en la facturación —del 17% durante el último año—, el emprendimiento ha logrado varios premios y reconocimientos en la industria local: ganador de Colombia Moda en 2013, representante en la Bienal Iberoamericana de diseño en Madrid en 2014, y el año pasado Mon & Velarde fue considerada una de las marcas más innovadoras por la revista Vogue.

¿Qué la impulsó a encarar el proyecto de Mon & Velarde y cómo surgió la idea de diseñar para hombres?

En 2009 tenía un estudio donde trabajaba free lance para varias marcas: les diseñaba la imagen corporativa, el espacio comercial, pasarelas para otros diseñadores. Por ese entonces, la oferta de moda masculina era muy homogénea y carente de opciones en el mercado local. Sentí que tenía que hacer algo al respecto, y descubrí que mi fuerte estaba en diseñar para hombres. Es bueno que una mujer lo haga porque nosotras sabemos cómo nos gusta que se vistan.

¿Cuáles fueron los grandes hitos en la historia de la marca?

El primero fue la tienda. Al principio le tenía miedo; pensaba que, por una cuestión de presupuesto, era un objetivo muy lejano. De manera que dije: “Voy a alquilar un lugar, sólo por un mes”. Allí empecé con el primer evento, “Vitrina rodante”, en el que reunía a diversos diseñadores de ropa masculina, joyas, zapatos, y creaba un ambiente interdisciplinario con gastronomía, cócteles y música. Era un evento social para conocer gente, pasar un buen momento y, de paso, mostrar mis diseños. Tuvo tanta aceptación que todavía sigue vigente.

¿Cómo definiría al cliente de Mon & Velarde?

Es un hombre creativo, libre, que no sigue reglas, se atreve a ser diferente y está en una búsqueda de sí mismo. De hecho, nuestra marca está concebida para hombres que disfrutan del acto de vestirse, esos que se divierten armando sus looks cada día.

¿Qué materiales usa?

Para trajes, lanas italianas y australianas naturales. Para camisas, géneros 100% de algodón, tanto egipcio como peruano.

¿Cómo promociona la marca? ¿Qué tipo de marketing hace?

Empezamos en redes sociales y tuvimos mucha repercusión. De ahí en más, el crecimiento fue orgánico. Todavía no pautamos en los medios ni invertimos grandes sumas. La mayor parte de la promoción ha sido free press, a través de los eventos en los que hemos participado.

¿Quiénes fueron sus grandes maestros en el diseño?

En realidad, ninguno en particular. He aprendido mucho de mi madre, que tiene más de 30 años de experiencia en este mercado, y sigo aprendiendo de otras personas, a través de Internet.

¿Trabaja con su madre?

Sí. Ella es la directora de producción: maneja el taller, los sastres, el corte, la moldería, las modistas. Yo me encargo del diseño, del marketing, de promocionar el concepto de la marca.

¿Cómo, cuándo y dónde diseña?

Para diseñar necesito inspiración. Siempre llevo conmigo una libreta y, cuando viajo en el metro y paso por una estación, si veo una señal que me inspira la anoto. Otras veces me inspira una persona vestida de determinada manera, una revista o un libro que leo. Además, una gran fuente de inspiración para el desarrollo de mis colecciones es la música, a la que me dedico en los ratos libres.

¿Qué momentos de su carrera fueron los más desafiantes?

Sin duda, la primera vez que tuve una pasarela en Colombia Moda. La colección se denominó “Dorian in the Woods” y estaba inspirada en El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde. Diseñamos varios modelos con elementos gráficos de bosques.

Otro momento desafiante fue la última colección que presentamos en la pasarela de Colombia Moda. Se llamó “Detroit Warm and Cold 2016” porque alude a la mítica capital de la industria automotriz durante la segunda mitad del siglo XX. El diseño, la paleta de colores y los materiales están en línea con Detroit: predominan el óxido, el concreto desgastado, los espacios desolados. Es una colección más fría que las demás, pero queríamos hacer una propuesta diferente.

¿Cuánto tiempo lleva el diseño de una colección?

Tres meses, aproximadamente. Cada una de ellas tiene un tema de inspiración, rico en términos visuales. Uno de los sellos distintivos de la marca son los estampados, únicos y desarrollados en función de cada colección. Elixir, por ejemplo, estuvo inspirada en el proceso de destilación que se utilizaba hace centenares de años para encontrar remedio a las dolencias humanas.

Lanzamos dos grandes colecciones al año, para las que preparamos pasarelas, fotos de campaña y hacemos la gran bulla, pero la tienda se alimenta constantemente de pequeñas colecciones que, a su vez, nutren a las grandes. Y cada 15 días renovamos la oferta de la tienda con prendas nuevas.

TAGS: Emprendedurismo, Casos de éxito, Alta costura, Emprendimientos de moda.

POR: Marta Gaviria // © WOBI

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