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Yves Béhar, emprendedor por diseño

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Para el fundador de Fuseproject, lo que empieza como una idea muchas veces descabellada puede terminar en un exitoso emprendimiento.

No son las palabras exactas de Marshall McLuhan, pero podría decirse que, en este caso, el auto es el mensaje. Yves Béhar llega a las oficinas de su estudio Fuseproject en Potrero Hill, una zona residencial de San Francisco, conduciendo un Tesla. Se baja del coche eléctrico, sostiene un breve diálogo con su asistente, y se sienta en una silla en forma de ostra para dar comienzo, sin más prólogos, a la entrevista. Y de lo primero que habla el renombrado diseñador es de sustentabilidad y cuidado del medio ambiente. Sólo después recala en el diseño, como para dejar en claro que está subordinado a lo anterior.

“El diseño les da forma a las ideas”, afirma, “y las ideas le dan forma al mundo. El mundo que haremos dependerá de las ideas que llevemos a cabo, y algunas son más difíciles de concretar que otras. La noción de sustentabilidad, por ejemplo, no es sencilla de instalar. Lo que el buen diseño hace es, en mi opinión, acelerar la adopción de nuevas ideas”.

Sentir que compartían la misma misión fue lo que llevó al ecologista Jason Aramburu, fundador de la empresa Edyn, a acercarse a Béhar, para que le diera forma a la idea de Edyn Garden. Estudioso del suelo y sus propiedades, Aramburu es un apasionado de poner la tecnología al servicio de un más eficiente manejo de los recursos naturales. “Incluso los de nuestra propia casa”, acota Béhar, y explica que Edyn Garden es "un sensor que mantiene al usuario en constante contacto con su jardín, de modo que sepa con exactitud en qué condiciones se encuentra a cada momento”.

Béhar sostiene que la gente deposita en su jardín lo que él llama “una cuantiosa inversión de amor, tiempo y dinero”, y asegura que la mayor parte de ese esfuerzo “se desvanece” por falta de información.

“Edyn Garden permite monitorear la composición del suelo, su calidad, los niveles de humedad, la cantidad de luz y de agua que el jardín está recibiendo, e incluso aconseja cuáles son las mejores plantas que uno puede hacer crecer en ese lugar”, comenta. “Y también avisa cuando hay exceso de agua. Siempre pensamos que debemos regar el jardín y dudamos de estar esforzándonos lo suficiente. Lo que ignoramos es que la mitad de las veces lo hacemos en exceso, lo cual además implica un derroche de agua. Aquí, en California, tenemos severas condiciones de sequía, y lo mismo ocurre en otros lugares del mundo. No necesito recalcar el valor de educar a la gente y ayudarla a saber cuándo es demasiada la cantidad de agua de riego”.

El público al que apunta Edyn Garden, aclara Béhar, incluye a cultivadores de huertas o pequeñas granjas, pero sobre todo a los dueños de cualquier terreno donde crezca el césped. “Como yo”, dice. “Me encanta, cuando viajo, seguir de cerca en qué condiciones está mi jardín. El sistema me permite consultarlo en cualquier momento, lo cual representa un factor clave en todo lo que hacemos en Fuseproject. Desde nuestro punto de vista, para que un producto tenga valor debe ser posible interactuar con él varias veces al día”.

Llave maestra

El Smart Lock, de August, la otra empresa fundada por Béhar, entra definitivamente en la categoría de productos de diaria interacción. Se trata de una cerradura sin llave, ni tarjeta, que se controla a través del smartphone. “Para este proyecto”, relata Béhar, “nos pusimos a pensar en un espacio, el espacio específico de la puerta de entrada de una casa, y surgieron imágenes de escenas que suelen presentar un variado abanico de inconvenientes. Las llaves, por empezar, conllevan una cantidad de complicaciones. Es difícil encontrarlas, manipularlas, más aún en situaciones de apuro o de poca luz. Además existe la posibilidad de perderlas, de olvidarlas, y ni hablar de lo fácil que resulta duplicarlas, con todo lo que eso significa en términos de seguridad. Entonces nos preguntamos cuál sería una forma segura y confiable de acceder a nuestro hogar”.

La respuesta fue una cerradura que reconoce al dueño de casa por una señal que emite su celular, así como a cualquiera a quien esa persona quiera darle acceso. “Todo lo que tiene que hacer”, explica, “es enviarle una invitación por correo electrónico o mensaje de texto. Si usted está afuera, y desea que vaya a su casa un amigo, un familiar o un profesional, como el plomero, no necesita encontrarse con él para darle una llave. Le manda la habilitación por teléfono, y listo. Muy sencillo. Y usted, obviamente, determina el lapso durante el cual quiere brindar el acceso. Incluso puede programar, por ejemplo, que la señora de la limpieza tenga el ingreso y la salida limitadas a un horario determinado de cierto día de la semana, y el sistema le informará a qué hora entró y a qué hora salió”.

Como recuerda Béhar, el desarrollo y lanzamiento de August Smart Lock representaban un doble desafío: “Por un lado, la parte física, o más bien mecánica. El cerrojo debía rotar por sí mismo, y eso requería de un motor muy avanzado y una batería potente. Los productos tecnológicos suelen ser estáticos. Por lo tanto, combinar los sensores digitales y la capacidad de comunicación con la mecánica fue toda una novedad”.

El otro desafío involucraba, en palabras de Béhar, “el aspecto humano”. “En Fuseproject sabemos que cuando se trata de algo para el hogar hay que pensar en lo psicológico, en los temores, en la desconfianza o la resistencia de la gente. Lo que por lo general sucede con un producto de ese tipo es que quien lo instala lo ama, pero el resto de la familia lo odia. En primer lugar, hay escasa o ninguna tolerancia hacia algo complicado o difícil de usar. Así que debíamos asegurarnos de que August Smart Lock fuera una cerradura extremadamente sencilla, casi mágica. Y atractiva desde el punto de vista específico del diseño. Había que convertirla en un objeto deseable. Lo próximo será convertirla en algo tan común como es hoy la cerradura con llave de metal. O, como dice Béhar, que todo el mundo considere normal lo que hoy parece descabellado”.

Saludable información

Basta con observar el caso de August para comprender por qué, más que diseñador, Béhar prefiere considerarse a sí mismo un “emprendedor del diseño”. “Lo que hicimos cuando se nos ocurrió la idea de la cerradura inteligente”, apunta, “fue armar una empresa alrededor de esa idea. No somos como los diseñadores clásicos, que reciben un pedido y responden a él. Lo nuestro no tiene que ver sólo con la creación de la marca, del packaging o del logo, sino con la creación de todo un negocio”.

En el caso de Jawbone, un fabricante de tecnología de consumo y dispositivos portátiles, Béhar no actúa como consultor externo, sino que ocupa un cargo dentro de la empresa. Su puesto es el de director creativo, y desde allí ha colaborado con el desarrollo de los ya icónicos parlantes inalámbricos JAMBOX y del novedoso UP, un monitor de salud que se ajusta a la muñeca y brinda información a través del smartphone.

“Es la línea más reciente que hemos desarrollado”, explica, mientras retira levemente la manga de su camisa para dejar expuesto un brazalete plateado. Incluye una serie de productos diferentes, pero lo que todos hacen, en esencia, es rastrear la actividad física del usuario, seguir de cerca sus momentos de descanso, y brindarle ideas y consejos sobre cómo comer sano, ser más activo y dormir mejor. “Este que llevo puesto es el UP3, un sensor múltiple, el más avanzado que alguien puede ponerse en el cuerpo”, apunta. Monitorea su actividad, las calorías ingeridas y quemadas, su sueño, su corazón, su temperatura. Tiene la mayor cantidad de lecturas imaginable, y le permite hacer un profundo rastreo y conocer a fondo su estado físico. “Porque la verdad es que nunca sabemos realmente si dormimos bien, ni cuánto tiempo, o cuánto ejercicio hacemos. Es común decir ‘subamos por las escaleras en lugar de tomar el ascensor, o caminemos hasta el restaurante en lugar de ir en auto’, pero nadie cuantifica la diferencia. No entendemos el valor que tiene esa información hasta que la obtenemos. Y cuando nosotros la brindamos, observamos que a la gente le encanta conocer sus datos, que se siente apegada a ellos, y que a partir de ellos realiza ajustes en su forma de vivir. De modo que, nuevamente, hemos logrado un producto que las personas han incorporado a sus vidas”.

Mientras hace girar con la mano izquierda el UP3 que lleva en el brazo derecho, Béhar cita el ejemplo de sí mismo como caso típico. “Yo solía ir al gimnasio una hora, y la gran revelación fue comprender que 60 minutos de aparatos no compensan todo un día sentado en una silla. En realidad, hago más actividad física si camino por la calle, si salgo a pasear con mis hijos o realizo cualquier otra de esas actividades triviales que no tenemos en cuenta, o que en general no consideramos como parte de lo que llamamos estar activos, y que, en verdad, aportan más beneficios que pasar una hora en el gimnasio. Cada uno descubre cosas distintas. Algunas personas ven que si se acuestan más temprano, la calidad del descanso es mejor, o que si pasan menos tiempo en el teléfono o en la computadora antes de ir a la cama, se duermen más rápido. Todas estas revelaciones ocurren porque tienen los datos delante de sus ojos”.

Tal vez no sea un invento que cambie al mundo, pero Béhar está convencido de que UP modificará los hábitos de sus habitantes. “Con este producto”, afirma, “uno es más consciente de lo que hace y de cuáles son sus efectos. En muchos sentidos, la nuestra será la última generación que sepa tan poco sobre su salud. Y esto es apenas el comienzo. Seguramente dentro de cinco o 10 años sabremos mucho más. ¿Qué sabemos hoy? Quizá nuestro médico tenga algunos datos. Tal vez nuestra historia clínica esté archivada en una carpeta, en algún lugar, o en una computadora, pero no la conocemos ni podemos acceder a ella. Ahora imaginemos qué pasaría si pudiéramos tener esa información de manera directa, saber con exactitud qué sucedió en los últimos seis meses, un año, o más. Todo esto nos brindará un conocimiento sobre nuestras vidas que antes no teníamos”.

Caro, pero distinto

Con UP, Béhar siente que, más que un nuevo producto, Jawbone creó una nueva categoría, abrió un nuevo mercado. Lo cual representa un desafío especial, porque a su juicio hay que educar a la gente, explicarle de qué se trata, y hacer las cosas de manera sencilla, para que cualquiera las entienda.

Con Samsung, en cambio, enfrentó un reto más clásico: diferenciarse en un mercado maduro. Y en este caso en particular, superpoblado. “La competencia es infinita en el rubro de monitores y pantallas”, admite, “pero de alguna manera Samsung siempre ha logrado innovar, y con sus ejecutivos realizamos largas sesiones de brainstorming para tratar de descubrir qué espera la próxima generación de televidentes, en qué se interesan los usuarios de la era de la hiperconexión. Si tomo mi caso como el de una persona hiperconectada, puedo decir que miro muchos videos en mi iPad y en mi teléfono celular, y en general no son de muy buena calidad. Los miro en los dispositivos pequeños mientras estoy en movimiento, pero sigo apreciando mucho la posibilidad de disfrutar de una gran película. Así que nos pusimos a trabajar en eso, en crear algún tipo de experiencia que fuera ‘inmersiva’. Y dimos con la pantalla curva, porque la sensación de inmersión aumenta cuando la imagen rodea al televidente”.

A la hora de la comercialización, el principal enemigo del televisor curvo de Samsung es el precio, un obstáculo que Béhar espera se diluya con el tiempo. “Un aparato de 82 pulgadas, obviamente será costoso”, admite. “Quizá los primeros clientes serán los que tengan los recursos suficientes para comprar un producto sustancialmente más caro, pero siempre sucede que este tipo de tecnologías se populariza con rapidez y el costo baja. Lo importante es habernos diferenciado. Cuando hay mucha competencia, el desafío radica en identificar lo que nosotros llamamos ‘demandas incumplidas’, deseos que el público tiene y que hasta el momento no han sido satisfechos”.

Lugar de encuentro

Un deseo insatisfecho que Béhar cree haber develado en otro rubro, el de muebles de oficina, a pedido de la empresa Herman Miller, es el de la colaboración. Con este fabricante de muebles de oficina, Fuseproject trabaja desde hace 12 años, y ha desarrollado objetos como la “ostra”, la silla en la que está sentado, o la lámpara en forma de hoja. 

“Llegó un momento”, revela, “en el que trascendí lo particular y puse la mirada sobre la oficina en su totalidad. Me interesaba especialmente la noción de colaboración, que en mi opinión es el punto más importante. Es la única razón para ir a una oficina física todos los días, porque todo lo demás puede hacerse desde el hogar. Con mensajes de texto, o mediante Skype o FaceTime, no hay motivo para verse cara a cara con alguien, a menos que uno desee crear algo en conjunto”.

Bajo esa óptica nació Public Office Landscape. Béhar lo define como un “espacio colaborativo, que permite todo tipo de interacciones entre las personas, en cualquier tipo de oficina, en salas cerradas y semicerradas. A cada paso, el sistema alienta la colaboración. Y eso se debe a una innovación: la silla social, que tiene un sistema de suspensión similar al de la silla en forma de ostra, pero es ergonómica y de aspecto informal. Cualquiera puede sentarse frente a otra persona en un escritorio, o en una sala, o seguir trabajando, porque posee apoyo lumbar y un buen soporte, pero también relajarse y mantener una conversación totalmente informal con otra persona”.

El producto salió al mercado a mediados de 2014 y, según Béhar, “la aceptación ha sido increíble. Hay muchos tipos diferentes de oficinas, algunas más formales, más tradicionales, otras más creativas, más tecnológicas, que están colocando Public Office Landscape en ambientes que antes eran demasiado abiertos, o demasiado cerrados, o demasiado segmentados entre escritorios y salas de conferencia. Muchas compañías están buscando formas de romper con los paradigmas, como el que dice que cada vez que uno tiene que reunirse con alguien debe ir a la sala de conferencias. Y lo que hicimos para Herman Miller permite que cualquiera pueda ponerse en contacto con otra persona rápidamente durante todo el día. Es un concepto que se ha generalizado, tanto en las grandes corporaciones multinacionales como en empresas nuevas o más pequeñas”.

Béhar no sabe si Public Office Landscape mejorará al mundo, pero sobre algo no tiene dudas: “Si la tecnología está aislándonos, al menos ésta es una forma de volver a reunirnos”.

La magia

Para Béhar, el momento culminante de su trabajo es aquel en el que se le ocurre una idea, y el 90% de la gente a la que se la cuenta cree que es demasiado avanzada, demasiado difícil o demasiado desafiante. “Pero nosotros, a través del diseño, logramos volcarla en un producto y conectar ese producto con la gente”, explica. “Esa conexión emocional es el factor clave para que el objeto transforme la manera de vivir de las personas. Y creo que precisamente de eso se trata el diseño: la capacidad de hacer cosas que hoy son obvias, pero que antes no lo eran”.

TAGS: Tendencias, Creatividad e Innovación, Diseño orientado al usuario, Usabilidad.

POR: Yves Béhar // © WOBI  (Entrevista de María Elizalde).

De ascendencia turca, nacido y criado en Suiza, y actualmente establecido en los Estados Unidos, Yves Béhar está en condiciones de afirmar que sabe lo que representa el concepto de integración. Haber vivenciado diferentes culturas a lo largo de mi vida me hizo entender muchas cosas, señala. Entre ellas, una en particular me parece la más trascendente, y es que más allá de todas las diferencias de las que tanto se habla, hay valores que son universales. Por eso estoy convencido de que las marcas deben mantener una mirada global y responder a esos valores. En el producto puede buscarse el foco local, pero la marca no debe estar acotada a cierto mercado o a determinado país. Si una empresa logra que su nombre se asocie a algunos de esos valores universales, podrá vanagloriarse de tener una marca global.

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