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Las redes mueven montañas

Un ser humano diferente, educado y asistido por la tecnología, está dispuesto a encarar los desafíos más osados.

En los países autoritarios y en las viejas corporaciones, el típico organigrama es una pirámide. El jefe ordena y los demás, en teoría, cumplen. Pero en el mundo digital, muchos pueden colaborar a distancia con baja fricción y bajo costo, y la cantidad de información y de posibilidades de educación disponible es abrumadora, afirma Enríquez. Ser o no ser parte de estas redes, ser o no ser percibido como legítimo, determina el grado de ciudadanía, de pertenencia y de aceptación de una persona. No es el título lo que cuenta, sino las acciones. “Si sabes, ejecutas, eres confiable y puedes navegar las redes; no tienes que quedarte en la pirámide.”
La innovación funciona de forma diferente, aclara. La gente se autoorganiza y se enfoca en un problema o una oportunidad común. Quien está preparado, tiene educación científica o un talento particular, podrá ser parte de una red transnacional con crecientes opciones de integrarse a otras redes. Esto permitirá enormes avances, pondrá en juego la creatividad y brindará riqueza a los integrados. ¿El desafío es diseñar y construir un coche-avión en seis años? ¿Competir al mismo tiempo con General Motors y Boeing? Una locura en el mundo pre-redes, pero hoy una realidad, subraya.

“En pocos años, unas 40 personas en la empresa WhatsApp generaron riqueza equivalente al trabajo diario de todos los habitantes de Paraguay durante un año. Esta es la diferencia entre las pequeñas redes educadas y las antiguas estructuras armadas alrededor del gobierno, las empresas y las concesiones a éstas.”

La materia prima para insertarse en la sociedad del conocimiento, lo más importante, es la gente preparada, destaca Enríquez. Un país debería preguntarse con cuántos doctorados en nanotecnología, en robótica, en ingeniería, en computación, en medicina, en química, cuenta. Y luego, ¿qué hacen estos doctores, dónde están? Si se quedaron en el exterior, ¿qué debemos hacer para integrarlos a una red que incluya a su país de origen? ¿No hay suficientes? Ver a quiénes se puede atraer a estudiar o a trabajar.

¿Hay diseñadores y creadores que estén en condiciones de mejorar, empaquetar, simplificar o comercializar estos conocimientos? ¿Los empresarios locales saben medir el riesgo? ¿Qué habría que hacer para conseguir niveles de excelencia en las escuelas locales? ¿Cómo integrar estos programas con otros post-doctorales a realizar en las mejores escuelas del exterior?¿Cómo lograr que una decena de nuevas empresas tecnológicas superen un valor de mercado de US$ 1.000 millones? ¿En qué áreas nos destacamos? ¿Cuántas empresas exitosas, que no hayan sido concesiones gubernamentales, hemos lanzado en la bolsa de valores local o en la de Nueva York?

Cuando se le pide que mencione alguna tendencia clave actual vinculada con las nuevas tecnologías, Enríquez opta por dos: los avances en impresión 3-D y en robótica. Pero advierte que primero hay que pensar cómo integrarse a redes de distribución, de logística y de ensamblaje que incluyan robots, para luego aprender a fabricar esos robots. En cuanto a las impresoras 3-D, dice que al descentralizar la fabricación y permitir el diseño personalizado, abren campos para diseñadores, aunque quizás cierren algunos otros en manufactura.

Como inversor en biociencia, evalúa los alcances de las ciencias de la vida en los negocios señalando que no hay área económica que no esté cambiando ya mismo, porque empezamos a entender cómo codificar vida. Pone como ejemplo lo que sucede en la agricultura, donde todo ha cambiado tan radicalmente que hoy tienen respuestas muy distintas las preguntas: qué se cultiva, dónde se cultiva y para qué se cultiva. “Y esto es apenas el principio. Las algas, por ejemplo, pueden volverse un cultivo básico que empiece a desplazar a la fabricación de ciertos productos químicos, energéticos y medicinales, de aceites y aceites comestibles, de alimentos para animales, artículos textiles y carnes.”

Finalmente se refiere a Evolving Ourselves: How Unnatural Selection and Nonrandom Mutation are Changing Life on Earth, su nuevo libro escrito en coautoría con Steve Gullans, de inminente aparición, que comienza preguntándose: “¿Si Darwin viviera hoy, y supiera lo que ahora sabemos, escribiría los mismos libros?”. Nuestra respuesta, afirma, es “no”. Agrega que cuando observamos al ser humano actual vemos que en poco más de un siglo hemos cambiado lo suficiente nuestro entorno, nuestra dieta, nuestro tamaño, nuestra domesticidad, nuestras enfermedades, nuestro sexo y nuestras costumbres. Lo cierto es que “ya estamos convirtiéndonos en una especie distinta, tanto o más diferente en estos 100 años de lo que éramos hace un siglo respecto de los primeros humanos. Y cuando uno rediseña al ser humano, todo cambia”.


© WOBI
“Quien está preparado, tiene educación científica o un talento particular, puede ser parte de una red transnacional con crecientes opciones de integrarse a otras redes.”

Juan Enríquez
Autoridad mundial en investigación genética y bioeconomía, empresario y autor, es uno de esos individuos únicos que viven de cara al futuro y trabajan en las fronteras del descubrimiento. Cofundador de la empresa de biología sintética Synthetic Genomics, director gerente de Excel Venture Management, director y CEO de Biotechonomy y ex director del Proyecto Ciencias de la Vida en la Escuela de Negocios de Harvard, Enríquez es autor de libros tan importantes como As the Future Catches You y The Untied States of America: Polarization, Fracturing, and Our Future.

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