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Ante los vaivenes del mercado y la necesidad constante de renovarse para fidelizar a los clientes, los paradigmas que traen incorporados los jóvenes integrados o nativos a la cultura refrescan el espíritu de los emprendimientos.

Ya lo dijo Steve Jobs en su recordado discurso en la Universidad de Stanford: “Stay hungry!”, pero la ambición bien entendida no es lo único que los chicos de hoy pueden aportar a la cultura organizacional de un proyecto o a la naturaleza de un emprendimiento. En tiempos en los cuales se producen desarrollos vertiginosos en las formas de consumo, publicidad y relaciones interpersonales, ciertas características que podemos tomar de los centennials y millennials pueden oxigenar los circuitos de trabajo.


Apenas los especialistas y académicos de Recursos Humanos lograban establecer cierto canon sobre la generación nacida hasta 1995, los millennials, otra camada de jóvenes criados y educados en un entorno distinto ya provoca debates sobre el futuro de las formas de trabajo y la movilidad laboral. Hablamos de los centennials, que nacieron a partir de 1995 y que comienzan a integrarse al mercado de trabajo y a permearlo con sus características. Aunque incipientemente, ambas camadas de jóvenes ya conviven e influyen en equipos de trabajo. Y, si la intención es que nuestro proyecto fluya con la corriente de la época en vez de ser arrastrada con ella, lo mejor es tener en mente algunas pautas que estos jóvenes traen con su cultura de lo digital.

Dinámica: Los integrados y nacidos en la cultura digital comienzan desde pequeños a trabajar con un vasto caudal de información en simultáneo, lo que amplifica su bagaje cultural y la capacidad de comprender contextos que guarden poca relación con su origen e incluso su realidad. Una especie de “especialidad” de la generalización que, traducida a la planificación de un proyecto, se vuelve útil para pensar distintos escenarios en la evolución del emprendimiento y para estar constantemente conectados con las tendencias, demandas y problemas del mercado. Inmediatez y criterio, dos herramientas claves para competir.

Capacidad de ser autodidacta: Más marcada en los centennials que en cualquier otra generación, el acceso a contenidos abiertos difundidos por las redes sociales le ha permitido a la Generación C ser capaces de profundizar sus conocimientos por fuera del ámbito académico y, sobre todo, de ampliar su gama de expertise respondiendo tanto a hobbies como a demandas de un mercado de trabajo que se diversifica cada vez más. Para ellos “tutorial” puede que sea la palabra clave, pero para los emprendedores a cargo de conducir los destinos de un proyecto, los términos son “voluntad” —para no clausurar definitivamente su capacidad de aprender— y “visión” —para ver en qué falta formarse para capitalizar mejor las capacidades de un proyecto. El diseño en comunicación, por ejemplo, suele ser algo que personas de generaciones mayores no suelen tener muy en cuenta, y esta generación sabe —y bien— de la importancia de cómo producir contenidos para difundir en red. 

Visión de evolución personal: La desmotivación y el desgano suelen ser anclas que hunden al crecimiento de un proyecto y su competitividad. ¿Cómo mantenerse o superarse cuando el equipo, lo fundamental en cualquier proyecto, tiene trabajadores que no encuentran el sentido a su función? Pensar en la evolución personal de los empleados, un interés primordial de centennials y millennials, es curarse en salud y evitar cuellos de botella motivacionales. Mientras más puedan enriquecerse y aprender los miembros del equipo, más intensidad habrá en la persecución de los objetivos. Y aquí entra a jugar algo que consiste en el próximo ítem.

Cultura colaborativa: No hay mejor aceite para los engranajes de un equipo de trabajo que la promoción de lazos de afinidad entre las distintas partes del todo. El sentido, el por qué, el nosotros; todo es mucho más tangible cuando existe una cultura de colaboración que amalgama el estar-detrás-del-objetivo. Además de la pertenencia y la naturalidad, una cultura colaborativa aplicada con criterio incluso hará que personal de distintas áreas pueda dar una mano en áreas ajenas, conducta que habilita el crecimiento personal del empleado, más allá de favorecer el sentido y la pertenencia grupal. El término “comunidad”, tan presente en la socialización temprana de centennials y millennials, cobra un valor único cuando se lleva al corazón de un emprendimiento.

Mientras más y más jóvenes ingresan al mercado de trabajo y la tecnología continúa profundizando su relación con la forma de encarar el aprendizaje, el empleo y los vínculos en general, nadie puede afirmar con seguridad cuándo esta fuerza de trabajo va a ir de minoría a mayoría, pero lo que es seguro, es que los cambios han llegado para quedarse.

TAGS: millennials, centennials, emprendedurismo, creatividad, trabajo en equipo, formación, crecimiento, estrategia

POR: Juan José Relmucao

Juan José Relmucao es corresponsal de Noisey, Thump, Creators Project y Vice Sports Latinoamérica. Además ha colaborado con medios argentinos como Buenos Aires Económico, Tiempo Argentino y Brando. También ha sido docente de Taller de Redacción Periodística en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, integrante del Observatorio de Culturas Políticas del Centro Cultural de la Cooperación y redactor publicitario para A&E América Latina.

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