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Un automóvil está estacionado durante el 90% de su vida útil. Con esa idea en mente, y buscando una solución al intenso tráfico del Distrito Federal, dos emprendedores implementaron por primera vez el concepto de car sharing en México.

En pleno centro de la Ciudad de México, junto a un bulevar poblado de palmeras, un edificio vidriado con una zanahoria naranja en su fachada se destaca en el paisaje. Allí tiene su sede Carrot, la compañía que implementó con éxito en el país azteca el servicio de alquiler de vehículos compartidos. La llamativa presencia del logo de la empresa en el horizonte urbano del DF es una buena muestra de su crecimiento: a tres años de su creación, el sistema cuenta con más de 100.000 usuarios registrados y 70 coches operativos. Al frente de Carrot están dos jóvenes emprendedores: Diego Solórzano, un ex analista financiero que se enamoró de la idea de Zipcar —la empresa que creó el concepto de “car sharing”— durante sus estudios universitarios, y Jimena Pardo, una ingeniera industrial que abrazó el entrepreneurship tras trabajar en gigantes como Televisa y HP. WOBI los entrevistó para que contaran su experiencia.

¿Qué los decidió a encarar un negocio propio? 
Diego: El salto emprendedor era una inquietud en mí desde hace muchos años. Desde que era niño intentaba hacer cosas para ganarme unos pesos adicionales, como vender dibujos de los Caballeros del Zodíaco o lavar coches. De alguna forma, siempre tuve ese gusanito de hacer algo por mí mismo. Jimena: Vengo de una familia de emprendedores y tuve muy buenos ejemplos. Quería hacer algo por mi país; algo nuevo. Sin embargo, imaginaba que era un camino mucho más largo, mucho más difícil. Por eso tomé la decisión de aprender en el mundo corporativo y hacer una maestría. Pensaba que después de esas experiencias estaría preparada para emprender. Sin embargo, Carrot se cruzó literalmente en mi camino antes de que cumpliera esos objetivos. Y fue increíble, porque tuve la flexibilidad de dejar de lado los planes que tenía muy estructurados.

¿Cómo surgió la idea de Carrot? ¿Por qué decidieron encarar el proyecto juntos? 
Diego: En 2010, cuando me gradué, empecé una diplomatura en entrepreneurship. Allí conocí el modelo de negocio de Zipcar, una empresa estadounidense dedicada básicamente al car sharing, y pensé que podía ser una buena alternativa para una ciudad como México, razón por la cual me decidí a desarrollar el proyecto durante un año. Jimena: En una comida familiar, un primo me explicó ese negocio y me comentó que estaban buscando un perfil como el mío, alguien muy comercial. Así conocí a Diego, que estaba en la etapa beta de la planificación. Literalmente, me enamoré del proyecto. Pensé que solo me involucraría en el lanzamiento, y que después comenzaría una maestría. Pero finalmente decidí quedarme aquí.

¿Cómo fue creciendo la idea hasta su ejecución? 
Diego: Una vez que desarrollé el plan de negocio cursé un programa de aceleración en el Venture Institute, con el objetivo de salir al mercado. Para hacerlo compré, a título personal, tres coches que pusimos a funcionar en la colonia Condesa. Pronto advertimos que algunos clientes los usaban recurrentemente, y así fue que pudimos demostrar a potenciales inversores que había interés en el servicio.
Jimena: Diego y yo éramos un poco de todo: cadetes, choferes, encargados de atención al cliente; nos ocupábamos del marketing, de las finanzas. Creíamos que los habitantes de una zona como Condesa, que tiene una buena penetración de transporte público, con hogares, oficinas y edificios públicos, serían posibles clientes, por lo que nuestra prueba debía hacerse en ese barrio. Pusimos allí los coches y, como no teníamos presupuesto para nada, nos parábamos al lado de las estaciones a volantear, convencer a la gente, platicar, platicar y platicar. Así fue como pudimos conseguir los 100 primeros clientes.
Diego: Logramos levantar una primera ronda de capital con la que ampliamos la flota a 20 vehículos; luego, en las siguientes rondas, llegamos hasta los 80 que tenemos hoy.

¿Cuál fue el argumento para convencer a los inversores? 
Diego: Teníamos un solo angel inversor, de manera que presentamos la idea a fondos de capital de riesgo. Al principio les decíamos que en la ciudad de México había un problema gigantesco de tráfico, pero también una enorme cantidad de usuarios de transporte público. De hecho, el DF mueve cerca de 16 millones de personas diariamente en sus sistemas de transporte, de las cuales el 15% son de clase media alta, que podrían tener un coche y deciden no comprarlo. Dado que esa realidad implicaba un potencial gigantesco para una empresa de autos compartidos, les explicábamos en detalle cómo funcionaría nuestro servicio. Luego, el pitch fue evolucionando, porque ahora los inversores ya saben lo que hacemos. Les decimos que hemos puesto coches por toda la ciudad, que hemos triplicado las ventas desde que empezamos las operaciones y que tenemos más de 100.000 usuarios suscriptos. De algún modo, pasó de ser un pitch de concepto a otro de “manejamos una empresa que genera números muy específicos”.

¿Qué objeciones recibieron cuando presentaban el proyecto? 
Diego: Nos decían que era un concepto exógeno, y que no se adaptaría a la cultura de México. Pero la objeción más importante era que habría coches sin vigilancia por toda la ciudad, expuestos al vandalismo. Que la gente los robaría, los dejaría sucios o los destrozaría. Pero en tres años y medio de operaciones, la tasa de vandalismo y robo ha sido del 0%. ¡Cero por ciento! Nunca ha habido un solo caso de abuso de confianza ni de robo.

¿Cuáles son las mayores dificultades que se presentan a la hora de iniciar un emprendimiento como el de Carrot? 
Jimena: Lo complejo es que se trata de un negocio intensivo en capital. Operamos mediante una plataforma de e-commerce, pero esa tecnología no representa un gran gasto. La mayor parte de nuestro capital se destina a los coches y al mantenimiento, porque deben estar impecables. Esa inversión nos deja con muy poco presupuesto para la comercialización. Nos concentramos en el marketing online, y hemos sido capaces de lograr la máxima eficiencia. Diego: Otro gran obstáculo fue lograr que nuestros vehículos funcionaran con la tecnología que necesitábamos y dependiendo de un mensaje de texto, a través de una red celular que no es la óptima. También está la dificultad de los medios de pago, que en México siguen siendo poco sofisticados, y cobrar por nuestros servicios ha sido un reto. En términos más conceptuales, nos enfrentamos al hecho de que el coche, en México, es visto como un hito en la vida, como un motivo de orgullo. No obstante, esa mentalidad ha ido cambiando porque es obvio que ya no hay lugar para tantos coches en las ciudades, y la gente está reconociendo que hay formas mucho más eficientes de moverse en términos de costo y, sobre todo, de tiempo.

Explicaron los motivos de la elección del primer barrio en el que instalaron una estación. ¿Cómo eligen hoy esas ubicaciones? 
Diego: Con el tiempo nos hemos dado cuenta de que debemos estar también cerca de donde trabajan nuestros clientes, de donde viven, de los lugares que visitan, de los puntos de entretenimiento. Usamos una inteligencia de geomercado para replicar nuestras mejores estaciones y comenzamos a ubicarnos en centros comerciales, junto a las estaciones públicas de bicicletas y estaciones de metro, de modo tal de generar una interconexión de diferentes soluciones de movilidad. Somos un servicio de la ciudad, y particularmente un servicio del vecindario. Así como las personas tienen su tintorería en la esquina y su cafetería cercana, buscamos que tengan su Carrot disponible y sepan dónde está.

¿Cómo ven el futuro de Carrot? 
Jimena: En lo que resta de este año, fortaleciéndose muchísimo en el país, duplicando la flotilla y creciendo muy rápido. Creemos que la ciudad de México tiene potencial para 2.000 coches compartidos. Sin embargo, nos interesan otros países de la región, en los que el problema del tráfico es similar y las condiciones son propicias para nuestro negocio. Pensamos en Colombia, en la Argentina, quizá Chile, donde el ecosistema emprendedor es bastante fuerte, y queremos posicionarnos como la empresa líder de car sharing en Latinoamérica. Diego: La meta, para 2018, es tener 1.000 vehículos en la calle. Es un reto interesante saber si van a ser 1.000 solo en la ciudad de México, o si están también en Bogotá, en Medellín, en Santiago de Chile y en Buenos Aires. Constantemente pensamos en cuál es, para nosotros, la manera más eficiente y rápida de crecer, con un objetivo de largo plazo.

TAGS: éxito, emprendimiento, autos.

POR: Diego Solórzano y Jimena Pardo.

Una marca, dos historias 
Diego Solórzano sonríe al explicar la historia del nombre Carrot. “La respuesta de relaciones públicas es que Carrot significa ‘Car Rotation’, pero no es así. La verdadera historia es que estábamos en una sesión de brainstorming con varios amigos y colegas, buscando definir cuál era el nombre genérico del servicio. Aquí, en el DF, por alguna razón le decimos coche al carro, pero fuera de la ciudad de México y en casi todos los países de habla hispana se le dice carro. En medio de esa discusión, un amigo dijo, ‘bueno, ponle una T al final, como zanahoria’. Nuestra primera reacción fue de sorpresa. Nos parecía muy raro, pero él explicó que cuando uno emprende, el objetivo debe ser lograr algo similar a lo que hizo Steve Jobs. Jobs fundó Apple, y la palabra ‘apple’ nada tiene que ver con una computadora, del mismo modo que una zanahoria no se relaciona con un coche.” Y su socia, Jimena Pardo, añade: “Lo adoptamos porque es un nombre corto, y fácil de recordar”.

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