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Un desmayo provocado por un pico de estrés llevó a Arianna Huffington a cambiar radicalmente su estilo de vida. Secretos y estrategias de una emprendedora que coloca al bienestar en la cima de sus prioridades.

Hay líderes brillantes, en los negocios y la política, que tomaron decisiones terribles. Tener alto coeficiente intelectual no implica ser un buen líder. La esencia del liderazgo es “ser capaz de ver el témpano antes de chocar con el Titanic, y hemos tenido demasiados témpanos impactando Titanics”, explicó Arianna Huffington durante una conferencia TED en 2010, a metros de la Casa Blanca. “Aquí, en Washington, si uno habla de reunirse a desayunar, y pregunta ‘¿qué les parece a las 8 AM?’, es probable que le respondan ‘es muy tarde para mí, pero está bien’; puedo jugar un partido de tenis, hacer un par de llamadas y reunirme a esa hora”, explicó la escritora sobre el escenario del International Trade Center. “Piensan que eso quiere decir que están tremendamente ocupados y son muy productivos, pero la verdad es que no lo son”, concluyó.

Lejos está Huffington de ser considerada una persona improductiva. Tras publicar una decena de libros, participar de programas de radio y televisión en los Estados Unidos y el Reino Unido, encabezar campañas de interés público y hasta presentarse como candidata independiente en la contienda electoral para la gobernación de California en 2003, alcanzó su mayor éxito empresarial dos años después al cofundar y dirigir The Huffington Post, un sitio web de noticias que revolucionó el panorama de los medios de comunicación online. “El Huffington Post logró involucrar a grandes cantidades de lectores con un servicio de noticias de bajo costo, generado por los propios usuarios”, definió la Comisión Europea en un análisis sobre la situación actual del ecosistema de las industrias periodísticas. Actualmente, el portal recibe a 200 millones de visitantes únicos cada mes.

El compromiso de Arianna con su proyecto no era full-time, sino full-life. “En abril de 2007 ya habían pasado dos años desde que creé The Huffington Post. Trabajaba 18 horas por día desarrollando el negocio, definiendo nuestra cobertura editorial, y a la vez cuidando a mis dos hijas”, contó en una entrevista publicada en su propio sitio. “Un día volví a mi casa y, simplemente, colapsé. Golpeé mi cabeza en la caída, me fracturé el pómulo y me dieron cuatro puntos de sutura sobre el ojo derecho”, recordó. Tras iniciar una ronda de consultas con distintos médicos, concluyó que el accidente no se debió a un tumor cerebral, como supuso, sino al agotamiento físico. Pero no imaginó ese suceso como el fin de su carrera profesional, sino como el inicio de una travesía. “Me pregunté qué era el éxito y qué era una buena vida; lo mismo que se preguntaban los filósofos griegos. Y entendí que no podía considerarme exitosa si estaba tirada sobre un charco de sangre en el piso de mi despacho”, razonó.

En búsqueda del bienestar

No sólo los ejecutivos sufren las consecuencias de la fatiga. Según un informe de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), el 78% de los adultos norteamericanos ha observado un aumento en sus niveles de estrés en los últimos cinco años. Y el 33% de los encuestados asegura que esa tensión está afectando su salud mental.

“Hoy, la noción de éxito está compuesta por dos factores: dinero y poder. De hecho, esas tres palabras —éxito, dinero y poder— se han convertido en sinónimos”, subrayó Huffington en un discurso en la Universidad Smith, en el estado de Massachusetts. “Por sí solos, el poder y el dinero son como una silla con dos patas. Uno podrá balancearse en ella por un tiempo, pero tarde o temprano se va a caer. Cada vez más personas exitosas se derrumban, lo que demuestra que la definición actual de éxito no es sustentable para los seres humanos, y tampoco para las sociedades”, agregó. “Es hora de que consideremos una tercera medida, más allá del poder y el dinero: una basada en el bienestar, la sabiduría, la habilidad para sorprendernos y dar a los demás. Para vivir la vida que queremos, y no la que la sociedad define como exitosa, es imperioso incluir ese tercer indicador”, sostuvo, sentando las bases que luego ampliaría en su libro Thrive: The Third Metric to Redefining Success and Creating a Life of Well-Being, Wisdom, and Wonder.

Su última publicación, The Sleep Revolution, retoma la inquietud planteada en su charla TED: las consecuencias de la falta de descanso en cada aspecto de la vida, desde la salud hasta la toma de decisiones, tanto en el ámbito laboral como en el personal. En el libro, el basquetbolista Andre “Iggy” Iguodala —de los Golden State Warriors, un equipo de la NBA— relata que su performance mejoró rotundamente cuando comenzó a dormir al menos ocho horas cada día. “Cuidamos más a nuestros smartphones que a nosotros mismos”, asegura Huffington. “Sabemos cuán cargados están nuestros teléfonos, pero no siempre cuánta carga tiene nuestra batería interna”.

En primera persona

En diálogo con WOBI, Arianna Huffington recuerda el cambio de mentalidad que encaró tras el accidente sufrido, y explica la importancia del descanso para mejorar la productividad y alcanzar el éxito personal y profesional.

¿Es posible combinar el éxito profesional con el bienestar personal? ¿Cuáles son las claves para amalgamar ambas condiciones?

Sí, es absolutamente posible. Durante demasiado tiempo, muchos de nosotros hemos actuado bajo la ilusión colectiva de que el estrés excesivo es el precio que hay que pagar para alcanzar el éxito. Estudios científicos recientes dejan muy en claro que eso no podría ser menos cierto. Vivir una vida plena y alcanzar una alta performance laboral no son términos opuestos. De hecho, la performance mejora cuando nuestras vidas incluyen tiempo para renovarnos, sorprendernos, dar y aprender.

Los ejecutivos suelen mostrar una tendencia a enfocarse en lo urgente antes que en lo importante. ¿Cómo puede atacarse este problema?

Las buenas noticias son que, en muchos casos, este problema ya está siendo atacado. El cambio en la manera en que un número creciente de negocios y líderes entienden su propio rol en el mundo es uno de los hechos más emocionantes y prometedores de los últimos años; algo absolutamente necesario. Cada vez más y más compañías están dejando atrás la obsesión por los informes de resultados trimestrales y la ganancia en el corto plazo, y comienzan a adoptar una visión muy diferente. Como explica el CEO de Unilever, Paul Polman, “las empresas deben utilizar su tamaño, su escala, su experiencia y sus recursos para atacar los desafíos del mundo actual, y tratar de conseguir cambios realmente transformadores de manera sistemática”. El sentido del propósito se ha convertido, ciertamente, en un valor que no sólo es importante en los negocios, sino además esencial para el éxito a largo plazo.

En un mundo empresarial dominado por hombres, la presión sobre las mujeres suele ser mucho mayor, particularmente a medida que alcanzan puestos de alta jerarquía. ¿Por qué cree que es tan difícil conseguir un equilibrio entre trabajo y familia, y qué pueden hacer los departamentos de Recursos Humanos para reducir esa brecha?

Uno de los obstáculos más grandes tiene que ver con la forma en que están estructurados los ámbitos laborales. Muchas mujeres eligen no llegar hasta la cima y mantenerse en posiciones más bajas si hacerlo implica sacrificar su salud, su bienestar, sus relaciones y su felicidad. Las mujeres que tienen empleos altamente estresantes tienen un 40% más de riesgo de sufrir ataques al corazón que sus colegas con menos estrés, así como un 60% más de riesgo de contraer diabetes de tipo 2. Pero este vínculo entre las dos enfermedades no existe en los hombres. Y es un claro síntoma de una cultura laboral que equipara el “burnout” y una noción machista de privación del sueño con dedicación. Es una cultura que fue desarrollada por hombres, pero que afecta por igual a ambos sexos.

Antes de aquel llamado de atención que sufrió en 2007, ¿tenía noción de que su estilo de vida podía ser perjudicial para su salud?

Sí, tenía cierta idea, pero no era capaz de reconocer su magnitud. Dos años después de la fundación del sitio estábamos creciendo a un ritmo increíble. Aparecía en las portadas de las revistas y fui elegida por Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo. Trabajaba 18 horas por día, los siete días de la semana, tratando de construir un negocio, expandiendo nuestra cobertura y buscando inversores. Pero descubrí que mi vida estaba fuera de control, y que algo tenía que cambiar radicalmente. No podía seguir viviendo así.

¿Cómo es posible evitar el estrés y mantener la productividad en una época en la que los smartphones nos obligan a estar constantemente conectados?

Todos utilizamos dispositivos tecnológicos; la pregunta es cómo hacer que esa relación sea saludable. Por mi parte, soy una especialista en un método de desconexión. Tengo un horario específico a la noche, en el que apago mis equipos y los acompaño amigablemente hacia la puerta de salida. Desconectarse del mundo digital ayuda a reconectarse con la sabiduría interna, con la ambición y con la creatividad. Luego, al despertarme a la mañana siguiente, no empiezo el día mirando mi teléfono. Me tomo un minuto —y, de verdad, realmente es posible tomarse un minuto más— para respirar profundamente, ser agradecida y definir mis intenciones para la jornada que comienza.

¿Por qué cree que las personas menosprecian la importancia del sueño? ¿Qué acciones ha tomado usted para atacar este problema en su vida?

Creo que es parte de ese engaño cultural del que hablaba antes. El sueño, la falta de descanso, se convirtió en un símbolo de fortaleza, una especie de medalla de honor. Hacemos un fetiche de él; incluso se lo llega a considerar como un símbolo de virilidad. Una vez cené con un hombre que se vanagloriaba de haber dormido tan solo cuatro horas la noche anterior. Yo me resistía a la tentación de decirle que la cena hubiera sido mucho más interesante si hubiera dormido cinco horas. En mi caso, luego de aquel doloroso llamado de atención, tomé la decisión de convertir al descanso no sólo en una prioridad en mi vida, sino de transformarme en una evangelista del sueño. El 95% de las noches duermo ocho horas. Una vez que logré mejorar mis períodos de descanso, otros hábitos —como la meditación o el ejercicio— se volvieron más sencillos.

En su libro de 1994, The Fourth Instinct, usted escribió que aquellas personas que han madurado espiritualmente ubican en el centro de sus vidas prestar servicio a los demás. Veinte años después, ¿sigue manteniendo esa opinión? ¿Qué pueden hacer las personas para alcanzar ese objetivo?

Sí, ¡desde ya! Un elemento esencial del éxito es la voluntad de brindar lo mejor de nosotros a los demás, motivados por la empatía y la compasión. Todos podemos comenzar a trabajar para alcanzar ese objetivo intentando formar parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.

¿Qué entiende usted por bienestar pleno?

La primera vez que escuché la palabra “mindfulness” me sentí confundida. La traducción literal de ese término es “plenitud de la mente”. Yo creía que mi mente ya estaba repleta de cosas, y lo que necesitaba era liberarla, no enfocarme en lo que ya estaba allí. En mi concepción, la mente era como el armario de las cosas viejas en una casa: un lugar donde se colocan cosas continuamente, esperando que nada se caiga de allí. Luego empecé a interiorizarme más, leyendo a especialistas como Jon Kabat-Zinn y Mark Williams, profesor de Psicología de Oxford, y todo comenzó a tener sentido. Así como nuestro mundo está constantemente bañado de señales destellantes que nos impulsan a ganar más dinero y escalar hasta la cima en el ámbito laboral, prácticamente no recibimos mensajes que nos recuerden la importancia de estar conectados con la esencia de quiénes somos, de cuidarnos, de acercarnos a otros y ayudarlos, de tomarnos un minuto para hacer una pausa y sorprendernos con lo que nos rodea, de conectarnos con ese lugar donde todo puede ser posible. El bienestar pleno nos permite tomar conciencia de nuestras vidas a medida que las vivimos.

TAGS: Bienestar laboral, Desarrollo personal, Emprendedurismo, Mindfulness, Trabajo y salud.

POR: Arianna Huffington // © WOBI (Periodista Ignacio Guebara)

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