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El observador de las emociones

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A veces es difícil separar nuestra vida personal de la profesional y cometemos el error de llevar nuestras emociones al trabajo. Otras veces una pelea en la oficina nos invade profundamente y bloquea el poder de acción, lo que resulta una situación desfavorable desde cualquier punto de vista.

Se suele decir que somos seres racionales con emocionalidad, pero esto no es cierto. Nuestro cerebro más primitivo, se desarrolló antes que nuestro sistema límbico y por último apareció el sistema pre frontal, que nos trajo la racionalidad a nuestras vidas. Es por ello que debemos entender, que ante todo somos seres emocionales que utilizamos la razón, situación que nos justifica un poco la manera en la que vivimos nuestras emociones. También es la razón por la cual muchas veces las emociones nos invaden y cuesta pensar con claridad tanto para resolver problemas como para concentrarnos en una tarea específica.

Virginia Gawel, una terapeuta reconocida de la Psicología Transpersonal nos dice que somos como una cebolla, recubiertos con muchas capas hasta llegar a nuestro interior. Esas capas guardan en forma de códigos, nuestros fracasos laborales, nuestras incertidumbres, nuestras creencias y sobre todo implican muchas emociones escondidas. Con el correr de los problemas, los desafíos y las adversidades que nos aquejan, las vamos levantando y en muchos casos con proactividad y autoobservación vamos llegando al centro de quienes somos.

De estas últimas líneas se desprende un concepto de coaching, el de observador, al cual quiero rescatar específicamente en esta nota. Para los que nunca escucharon hablar de esto, les doy una descripción sencilla y clara. El observador posee una serie de creencias, talentos e ideas que vienen de su trayectoria, su pasado y sus experiencias. Cuando nos abrimos a un nuevo observador, este campo de creencias, talentos e ideas se abre, y nos brinda una mirada diferente de la realidad. Por eso hoy quiero ser un observador para cualquiera de ustedes y trabajar con emociones mal dirigidas y poco fluidas.

El escritor Gary Zukav ya lo decía en sus famosos libros “No podemos controlar las emociones o circunstancias que experimentamos, pero podemos elegir cómo vamos a responder ante ellas.”

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que todos experimentamos. Ellas mueven y conmueven a cada ser humano de manera única e irrepetible. Algunas de las emociones positivas pueden ser la alegría, la dicha, la compasión, el entusiasmo, la gratificación...

Por otro lado están las emociones negativas, que pueden ser el miedo, ansiedad, aprensión, tristeza, culpa, irritabilidad, resentimiento…

Cuando una emoción es reiterada en el tiempo, se transforma en un estado de ánimo, del cual es muchísimo más difícil salir, por ello detectar a tiempo nuestras emociones y aprender a manejarlas, es el primer paso para cambiarlas.

Para comenzar a trabajar sobre esas emociones que nos invaden y no nos permiten ejercer con tranquilidad nuestros quehaceres laborales, lo primero es observarnos y ver qué ocurre en nuestro interior en esos momentos particulares. Propongo algunas alternativas:

Describir nuestros estados corporales, y ponerle un nombre a la emoción puede ser el primer paso. Esto nos ayuda a poder entender las reacciones que genera una emoción determinada en nuestro cuerpo y como van apareciendo señales que nos permiten detectarla antes que esa emoción se convierta en un estado de ánimo. Describí con adjetivos, con el mayor detalle posible, y a la vez, como si estuvieras relatando una historia, lo que le está sucediendo a tu cuerpo (sudoración, dolor de estómago, pecho cerrado, garganta picante). Mantener esta información en un cuaderno, te permite tener un registro de tus estados, y poder tomarlos para los próximos desafortunados eventos emocionales que vivas.

Transitar la emoción por nuestro cuerpo, es un segundo paso para poder vivenciar como un proceso que tiene un principio y un fin. Una corta visualización sintiendo a la emoción como agua recorriendo nuestro cuerpo y liberándose por nuestros pies, es una buena manera de dejar fluir. Asignale un color a cada emoción, por ejemplo, si estas transitando un momento de ira profunda, podrías colorear el fluido que recorre tu cuerpo de tu color rojo, y ver cómo va bajando su tonalidad hasta desaparecer por tus pies. No olvides conectarte siempre con la respiración, que es la que le da el marco de tranquilidad.

Los músculos son el lugar donde se cargan las tensiones provocadas por las emociones. El movimiento ayuda a liberar las tensiones ocasionadas minimizando el cortisol que nos invade en estos momentos, y volcando dopamina en nuestro cerebro, sustancia que nos relaja y nos predispone para la tranquilidad. Podés comenzar a mover tu cuello de forma lenta y circular tanto para un lado como para otro realizando 5 repeticiones para cada lado. Otra opción es pararte frente a tu box o escritorio, subir y bajar los hombros aumentando la velocidad de a poco. Estos ejercicios deben estar acompañados con una respiración inhalando por nariz y exhalando por boca. Si en el punto primero has constatado que la emoción se encuentra en algún sector específico de tu cuerpo, podés intentar liberarlo a través de movimientos simples en dicha área.

Principio y fin de la emoción. La neurociencia nos dice que en la parte central del cerebro, está situada la amígdala cerebral, responsable de nuestras emociones. Frente a un estímulo esa amígdala segrega una sustancia que a su vez estimula otros centros del sistema límbico, formando un “licuado específico” responsable de cada emoción. Esta combinación entra en el torrente sanguíneo y produce los efectos físicos de la emoción: desde la transpiración, el enrojecimiento, palpitaciones, tensión muscular, risa… Esta reacción tarda unos 90 segundos en ser reabsorbida por el cuerpo y luego desaparece. Entonces podemos definir que las emociones son temporales y modelables, eso también nos ayuda a minimizar su agobio.

Un nuevo observador. Si aun así creés que las emociones te invaden fácilmente, y no lográs liberarlas a través de procesos físicos autoejecutados, recomiendo particularmente buscar ayuda en terapeutas ligados al trabajo corporal, y hago especial hincapié en ello: trabajo corporal. Existen muchas prácticas que nos ayudan a liberar la ansiedad, reducir las tensiones de las emociones y aprender a fluir con los estados negativos que nos aquejan. Una de ellas es la técnica de Ataraxia, bajo la cual me formé. Dicha actividad es un programa especial de desarrollo personal trascendental creada por el Dr. Carlos Bautista. Esta puede ser una alternativa, pero lo importante es que encuentres una terapia o actividad que te de las herramientas corporales y mentales, para mejorar y evolucionar tu comportamiento emocional.

Todos somos seres emocionales, con problemáticas que resolver tanto dentro de nuestro ambiente laboral como en nuestros hogares, nuestra vida social y personal. Lo que espero que puedan llevarse de esta nota, es que las emociones no son más que 90 segundos de una serie de comportamientos fisiológicos, que con autoconocimiento, autoobservación y hábitos de escucha interna, pueden ser manejadas para que fluyan y sean eliminadas en cuestión de pocos minutos. Debemos entender que, como en la vida, nada es para siempre, ni siquiera las emociones.

TAGS: Emociones, Neurociencia, Corporalidad, Coaching, Desarrollo personal, Hábitos de bienestar.

POR: Carolina Varzabetian

Soy Carolina Varzabetian, tengo 36 años y Lic. En Diseño Gráfico. Con experiencia profesional en diseño y marketing durante varios años, hoy soy fundadora de Woman+weconnect un emprendimiento que ofrece talleres y eventos dedicados al desarrollo personal y la calidad de vida. Escribo cada miércoles a mis seguidoras, y participo como capacitadora del Programa BA Emprende de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Amante del eterno aprendizaje, de los viajes lejanos, y de mi perro Felipe. Facebook: womanweconnect.

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